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Modelo de discurso para un funeral

Escribir unas palabras de despedida casi nunca se hace en buenas condiciones: sin haber dormido, entre gestiones y papeles, con el tanatorio lleno de gente a la que hay que atender. Y con prisa, porque en España el funeral llega enseguida. Esta herramienta sirve para quitar de en medio el papel en blanco.

Cinco preguntas —el vínculo que os unía, su nombre, cómo era, un recuerdo, lo que te deja— y sales con un texto de tres minutos, estructurado y listo para releer. Se adapta al vínculo: de una madre no se habla igual que de un compañero de trabajo.

¿Quién era esa persona para ti?
Su nombreAparecerá varias veces en el texto.
Cómo eraTres como máximo: más allá, la enumeración ahoga lo que quieres decir.
Un recuerdo concretoUna escena, no un resumen. Es la parte que se recordará del discurso.
Lo que te dejaUna idea, una costumbre, una manera de hacer las cosas que conservas.
El tono

Indica su nombre para componer el texto: aparece en cada párrafo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto debe durar un discurso en un funeral?

Tres minutos, cuatro como máximo: entre 400 y 500 palabras, una página. Una sala en duelo se desconecta enseguida, en muchas ceremonias hablan varias personas seguidas y un texto corto obliga a elegir lo que de verdad importa. La herramienta apunta a esa longitud y te dice cuánto tarda leído en voz alta, para que recortes antes y no mientras hablas.

El funeral es mañana. ¿Me da tiempo a escribir algo?

Sí, y es la situación normal: en España el velatorio suele empezar el mismo día del fallecimiento y el funeral se celebra a las veinticuatro o cuarenta y ocho horas, así que casi nadie escribe con calma. Responde a las cinco preguntas y reescribe el borrador con tus palabras en el rato que tengas, aunque sea en el coche. Lo que cuesta no es redactar, es empezar: el esqueleto —apertura, dos o tres rasgos, un recuerdo, lo que te deja, la despedida— ya viene puesto.

¿Se pueden leer unas palabras en un funeral religioso, o solo en uno civil?

En los dos. En una misa funeral se leen casi siempre después del Evangelio o antes de la despedida final, y conviene avisar al sacerdote con antelación: muchos piden ver el texto, o al menos saber cuánto dura. En una ceremonia civil, en el tanatorio o en el crematorio, no hay un orden fijo y el discurso ocupa el centro. En ninguno de los dos casos hace falta hablar de religión si no quieres.

¿Lo escribe una inteligencia artificial?

No. Cada frase viene de una plantilla escrita a mano, y lo que tú escribes se copia tal cual, sin reformularlo y sin pasar por ningún modelo de lenguaje. No se inventa nada sobre la persona que ha muerto: un texto que se lee delante de un ataúd no puede contener una aproximación, porque no hay una segunda toma.

¿Y si no se me ocurre ningún recuerdo que contar?

Deja el campo vacío: el texto sigue teniendo sentido y sale más corto. Pero busca antes en las cosas mínimas: una costumbre, una frase que repetía, cómo servía el café, lo que decía siempre antes de colgar el teléfono. Los discursos que se recuerdan casi nunca cuentan un gran acontecimiento; cuentan un martes cualquiera.

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