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Poemas para un funeral: tres textos completos

Julien

Julien

Fundador de forevr

5 min de lectura

Para un funeral, elige un poema corto —menos de veinte versos— que se parezca a la persona fallecida más que a lo que suele leerse en los funerales. La copla III de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, «Caminante, no hay camino» de Antonio Machado y la rima LIII de Gustavo Adolfo Bécquer están en dominio público: se pueden leer, imprimir y copiar libremente. Los tres están enteros más abajo.

Elegir un texto ya es un homenaje. Nadie espera que escribas: encontrar las palabras que dicen lo que no consigues formular es un trabajo en sí mismo, y se nota.

Por qué elegir vale más que escribir

En los días que siguen a una muerte, el cansancio y la pena hacen que las frases no lleguen, o lleguen falsas. Un poema elegido no tiene ese defecto: ya está escrito, ya lo han probado otros, y te deja toda la atención para decirlo.

Si aun así quieres escribir tu propio texto, el camino está en qué decir en un funeral.

Qué aguanta leído en voz alta

Un poema leído ante cincuenta personas no se comporta como un poema leído en un sillón.

La longitud. Más allá de veinte versos la atención se dispersa y la voz se cansa. Un texto corto, leído despacio, llega más lejos que uno largo leído deprisa.

La sintaxis. En voz alta no se puede volver atrás. Prefiere versos en los que cada línea se sostenga sola — el hipérbaton del Siglo de Oro es hermoso en el papel y difícil en el atril.

Lo concreto. Un lugar, una hora, un gesto llegan mejor que una imagen abstracta, en una sala donde todos conocían a la persona.

Léelo en voz alta en casa, entero, antes de decidirte: hay textos que uno cree que aguantan y se rompen en el tercer verso.

Tres poemas, enteros

«Coplas a la muerte de su padre», copla III — Jorge Manrique

Para cualquier vínculo, y sobre todo para un padre o una madre. Doce versos del siglo XV que la mitad de la sala reconocerá sin saber de dónde son. No consuela: pone la muerte a la altura de todos, y eso es lo que lo hace soportable.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

«Caminante, no hay camino» — Antonio Machado

De los Proverbios y cantares (1912). Para quien se hizo a sí mismo, para quien cambió de oficio o de país, para quien no siguió ningún plan. Diez versos, y ninguno nombra la muerte.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

Rima LIII — Gustavo Adolfo Bécquer

Para una pareja, y para la ausencia que dura. El poema completo es más largo; estas dos estrofas se sostienen solas, y se lee por el último verso. Haz una pausa antes de él.

Volverán las oscuras golondrinas
de tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!

Los dos textos con los que hay que tener cuidado

Mario Benedetti es, con diferencia, el poeta más leído en los funerales españoles — y sigue protegido. Murió en 2009; sus derechos duran hasta finales de 2079. Leerlo en voz alta en una ceremonia privada es una cosa; imprimirlo en un recordatorio o publicarlo en una página es una reproducción. Para eso hay que pedir permiso a la editorial, o elegir un texto libre.

«No llores ante mi tumba» lo vas a encontrar en todas partes. La atribución del original inglés está discutida, y las versiones españolas que circulan por internet se diferencian mucho entre sí. Si te quedas con él: elige una versión y mantente en ella, en lugar de juntar trozos encontrados en sitios distintos.

Los derechos de autor, en dos frases

En España los derechos de explotación duran setenta años desde la muerte del autor, contados desde el 1 de enero del año siguiente (arts. 26 y 30 de la Ley de Propiedad Intelectual). Y hay una regla que explica medio canon: los autores que murieron antes del 7 de diciembre de 1987 conservan el plazo de ochenta años de la ley de 1879.

Por eso Manrique, Bécquer y Machado son libres —Machado murió en 1939—, y por eso un poeta de los años sesenta no lo es. Para un autor contemporáneo, pide permiso a su editorial antes de imprimir el texto en un recordatorio o publicarlo en línea.

Cómo presentarlo en dos frases

Un poema anunciado de la nada sigue siendo un objeto literario; un poema presentado se convierte en un homenaje. Bastan dos frases: de dónde viene ese texto para ti, y luego por qué ese.

«Mi madre había copiado este poema en el reverso de una lista de la compra. No lo encontré hasta después de su muerte, y creo que ella lo habría leído mejor que yo.»

«A Pablo no le gustaba la poesía. Este es el único que se sabía de memoria, porque lo aprendió en el colegio y no lo olvidó nunca.»

Si se le parece más una canción que un texto, mira música para un funeral. Y si lo que te preocupa es la intervención entera, mira qué decir en el funeral de tu padre, de tu madre, de tu abuela, de un hermano, de un amigo, y la guía principal.

Para unas líneas que no se dicen, sino que se graban en piedra: qué grabar en una lápida.


Textos según las ediciones de referencia: Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre (h. 1477); Antonio Machado, Campos de Castilla (1912); Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas (1871). Base legal: arts. 26 y 30 y la disposición transitoria cuarta del texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.

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