Se encarga a un marmolista, que graba el nombre y las fechas en el propio cementerio o se lleva la lápida al taller. Muchos cementerios piden autorización, o al menos un aviso, antes de cualquier obra en una sepultura, y el marmolista suele ocuparse de ese trámite. Cuando no queda sitio en la lápida, se graba una placa añadida, un libro de granito u otra cara del monumento, con la letra y el acabado del grabado original.
¿Quién hace el grabado?
Un marmolista funerario, a ser posible el que hizo la lápida: conoce la piedra, y muchas veces conserva la letra y el modelo del primer grabado. Si ha cerrado o está lejos, cualquier marmolista puede hacerlo; llévale una foto nítida del grabado existente, de frente.
Hay tres técnicas: con chorro de arena, la más habitual hoy, a través de una plantilla que reproduce la letra; a mano, con cincel, para una piedra antigua o una letra que la plantilla no reproduce; y las letras de bronce o de latón fijadas sobre la piedra, cuando el grabado original está hecho así. Cuenta normalmente unas semanas entre el presupuesto y el grabado, el tiempo de los trámites y de que el marmolista pase.
Dos maneras de hacerlo, que el marmolista elige según la piedra y el acceso:
- en el cementerio, cuando el grabado es sencillo y la lápida está a mano;
- en el taller, cuando hay que desmontar la lápida, grabar una piedra gruesa o rehacer un dorado. La sepultura se queda entonces sin lápida unos días o unas semanas: pregunta el plazo antes de firmar.
El grabado se cobra en general por letra, más el dorado si lo hay. Pide un presupuesto por escrito, dos si puedes.
¿Hace falta permiso?
Depende del cementerio, y no es la familia quien lo decide. Cada cementerio, municipal o parroquial, tiene su reglamento, y muchos exigen una autorización o una comunicación previa para cualquier obra en una sepultura, también para grabar. Algunos piden además el texto exacto que se va a grabar.
En la práctica, el marmolista que trabaja habitualmente en ese cementerio conoce el trámite y lo presenta él. Si no hay marmolista, pregunta en la administración del cementerio o en el ayuntamiento. Y si vas a poner tú mismo una placa pequeña, la misma pregunta vale.
¿Es obligatorio poner el nombre?
No es algo que se pueda responder igual para todos los cementerios: si existe alguna exigencia, está en el reglamento del cementerio, que la administración facilita si se le pide. Lo que sí es corriente es que el nombre tarde: un nicho se cierra el día del entierro y la lápida definitiva, o el nombre nuevo, llegan semanas o meses después. Mientras tanto, muchas familias ponen una placa provisional con el nombre y las fechas.
Y no se graba cualquier nombre: en una sepultura cuyo titular es otra persona, lo que se graba pasa por el titular del derecho, y a menudo por el cementerio. Si hay dudas sobre quién figura como titular, la administración te lo dice.
¿Cuándo se puede grabar?
No hay que esperar a ninguna fecha, ni grabar antes de ninguna. El límite es material: cuando se ha abierto el nicho o el panteón, el marmolista suele esperar a que la sepultura esté cerrada y asentada antes de intervenir. Él te dirá cuánto tiempo. Muchas familias graban en los dos o tres meses siguientes, a veces para un aniversario o para Todos los Santos.
Un nombre que llega un año después no es un olvido.
¿Y si no queda sitio?
Es lo más frecuente en los nichos y panteones de familia: la lápida se grabó para dos nombres, a veces para uno solo, y la de un nicho es pequeña. Cuatro soluciones, de la más discreta a la más visible:
- Grabar otra cara del monumento, en una sepultura en tierra: el lateral, la base, la losa. Suele ser la más barata, porque la piedra ya está.
- Una placa añadida, grabada en la misma piedra y fijada sobre la lápida. Es la solución de las lápidas llenas, y la más habitual en los nichos.
- Un libro de granito colocado sobre la sepultura, cuyas páginas reciben varios nombres con los años.
- Hacer una lápida nueva, con todos los nombres ordenados de una sola mano. Más cara, pero es la única manera de conseguir una composición realmente homogénea cuando el grabado original está deteriorado.
Si quedan sitios en la sepultura, reserva ya en la lápida el espacio de los nombres que vendrán. Las diferencias entre un nicho y una tumba en tierra están en nicho o sepultura en tierra.
Mantener la armonía con el grabado original
Tres elementos que hay que repetir idénticos, y que conviene indicar al marmolista:
- La letra, y su tamaño. Un nombre en mayúsculas romanas bajo un nombre en letra inglesa se ve a diez metros.
- El acabado: grabado sin más, dorado con pan de oro, pintado. Un dorado nuevo junto a uno de veinte años nunca quedará idéntico; algunos marmolistas proponen rehacer los dos.
- La forma de las fechas: solo años, fechas completas, con o sin guion, «1932 – 2026».
Para el texto que a veces acompaña al nombre, ver qué epitafio grabar en una lápida: las mismas preguntas de permiso valen para él.
El momento en que se toca la lápida
Añadir un nombre es muchas veces el único momento, en veinte o treinta años, en que una familia llama a un marmolista para la sepultura. Algunas aprovechan para poner un código QR en la lápida, que lleva a fotos y recuerdos que la piedra no puede contener; grabarlo o pegarlo se discute en la misma página. En forevr, el plan más sencillo empieza en 19 € e incluye tres pegatinas QR idénticas, para colocar tú mismo.
El resto de la vida de una sepultura —limpieza, flores, reparaciones— está en la guía para limpiar una lápida, y la foto, en poner una foto en una lápida.
Precio del plan comprobado en el código del sitio el 18 de octubre de 2026. Las autorizaciones y comunicaciones de obra dependen del reglamento de cada cementerio: su administración es quien puede responder.



